Sobre el sentido de la vida

Sobre el sentido de la vida

Pareciera que el sentido de la vida como dice Emilio Carrillo está en el mismo vivir. Vivir tiene sentido por sí mismo, por el mero hecho de existir.

Y podemos vivir de muchas maneras, pero tal vez lo que nos dé más sentido es vivir con consciencia. Tartang Tulku, el maestro tibetano de Claudio Naranjo, en una ocasión le dijo: «encontrarás el sentido de la vida cuando vivas una vida con sentido».

¿Cuál es el sentido de la vida para Claudio Naranjo?

Y el mismo Claudio cuando le preguntaban sobre el sentido de la vida, respondía con su tono pícaro «es una planta de tomate».

¿Qué es vivir con sentido?

Una vida sin sentido es vivir dormido, aletargados, inconscientes y en total desapego con lo que uno siente, piensa y actúa. Lo contrario nos mueve a estar despiertos, a vivir en conexión profunda con todas las manifestaciones de la vida y despertando en nosotros aquellas verdades y valores que nos conectan con la fuente de amor del universo, de donde venimos.

Buscamos la felicidad como la planta que se orienta espontáneamente hacia la luz del sol, el agua de la lluvia, los nutrientes de la tierra a través de sus raíces, dejándose mecer por la danza suave del aire. La planta no se queja de su condición, busca su crecimiento más allá de que esté en un terreno árido o poco propicio.

https://youtu.be/AOk3aODmQsE

¿Ser feliz da sentido a la vida?

Siempre me ha llamado la atención -cuando he viajado a Sudamérica, entrando en la selva amazónica-, cómo todo el universo vegetal busca la luz, crece imparable aún ante las mayores adversidades. Y esto me ha hecho preguntar sobre el ser humano. También ante los mayores cataclismos busca reorganizarse, readaptarse a nuevas condiciones. Y en esa búsqueda del terreno fértil que le permita seguir su andadura podemos percibir una búsqueda de la felicidad, aunque ello se traduzca muchas veces en una eterna mejora de su condición de vida.

¿Se puede relacionar el ser feliz con una vida plena de sentido? Yo creo que sí, pero no porque la felicidad te la dé una vida plácida y feliz. Más bien porque viviendo en conexión y atención plena, despierto y alineado con lo que la vida te trae, puede surgir esa alegría interior que podemos llamar felicidad. Y que pasa por no oponerse a la vida misma.

El sentido de la vida se enfoca a través de los dones y talentos

 

También una vida tiene sentido cuando la eliges con consciencia. Esto significa ir orientando tus elecciones en base a lo que vas conociendo de ti a través de tus dones y talentos. Como en la parábola de los talentos, qué pobre aquél que esconde su moneda para no perderla y ahí se queda bien guardada, sin crecer. ¡Cuán infelices somos cuando sabiendo que tenemos un don no vemos la manera de hacerlo florecer!

Y es que al igual que un árbol cobra sentido de su existencia a través de sus frutos, también nosotros vivimos con pleno sentido cuando fructifican nuestros dones y talentos para el beneficio de los demás.

Eso que parece que delinea nuestro destino, en base a lo que podemos aportar con nuestra vida es lo que va a conferir un sentido de realización plena, sintiéndonos felices sin grandes pretensiones, como el árbol que cada primavera se prepara para florecer y dar sus frutos.

MI HISTORIA DE SANACIÓN CON EL CANTO LIBRE 

Todo empezó un día bastante oscuro de mi vida en el que en una actitud de profunda escucha interior, y sin saber cómo desembarazarme de la angustia que me sobrecogía, di rienda suelta a mi instinto y me puse a “vomitar” sonidos y cantos espontáneos que iban traduciendo cada uno de los paisajes emotivos que me habitaban.

Estaba viviendo por aquel entonces, hace ya más de 35 años, un cambio radical de vida que me llevaría a otro país.

Y tenía bastante miedo. Empecé por ahí, a sacar el miedo en forma de temblor sonoro. Un estado de trance se fue apoderando progresivamente de mí y sin pensar nada, todo mi ser se puso al servicio de ese sonido espontáneo que se encargaba de ir expresando cada una de las emociones que iban apareciendo, una detrás de otra.

Al miedo le siguió el llanto, que no quería más llorar y gemir en silencio. Di rienda suelta a los sollozos como las plañideras de antaño encargadas de llorar a los muertos. Oyéndolo me iba haciendo cargo de mi dolor que fue desembocando en un grito de rabia incontenible.

Todo mi cuerpo rugía como una leona en lucha por lo que más quiere. La fuerza de la agresividad me ayudó a defender mi espacio y mi proyecto. Y ese ímpetu fue marcando un ritmo con todo mi cuerpo mientras me sentía una mujer salvaje, siempre más empoderada, que cantaba una danza guerrera.

Espontáneamente todo ese ímpetu se fue transformando en alegría. Una alegría muy profunda que surgía sin hacer nada como un volcán y me hacía saltar espontáneamente al compás de una melodía jubilosa y festiva.

El cansancio se fue apoderando de mí llevándome a un estado íntimo de amor y compasión hacia mí misma. Y también eso lo canté abrazándome y acunándome con una dulce y tierna melodía hasta quedarme completamente en paz.

Lágrimas de agradecimiento recorrían silenciosas por mi rostro. Inclinada en reverencia, me sentí plenamente agradecida a la Vida y su misterioso y mágico acompañamiento, que me había permitido descubrir en las profundidades del dolor y mi angustia, esa voz nueva y ese canto sanador.

No sé cuánto tiempo pasó, pues estuve en un estado sin tiempo donde el espacio era ocupado sólo por mí y mi canto libre. Las voces que surgían de mí me parecieron extrañas y ajenas, como si de otra persona fueran. Me preguntaba continuamente, ¿quién soy yo?, ¿soy yo esas voces?… Me costaba mucho reconocerme en esos timbres y tonalidades nuevas de mi voz. Yo había cantado mucho en la adolescencia con la guitarra. Conocía bien mis recursos vocales. Pero aquí había topado con una voz nueva. Una voz libre de conceptos estéticos, donde no importaba nada el resultado artístico, donde cabía todo, lo feo y lo bello, el chillido y el gallo, lo desentonado y lo afinado, lo desagradable y lo armonioso.

Y comencé a amar esa nueva voz y todo lo que significaba en ese momento.

No sabía entonces que se estaba abriendo la puerta del CANTO LIBRE TRANSFORMADOR que ha sido y sigue siendo mi misión de vida.

2 respuestas

  1. Cuanta razon tienes Rosa!
    Fluir siendo lo que somos, alineados con nuestra Esencia , regados amorosamente, pernitiendo florecer y dar los frutos del momento presente…
    cultivando el Jardín Interior 💜

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más
Historias

Sobre el sentido de la vida